Adiós al Capsule Wardrobe

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Este final de verano me ha confirmado algo que la pasada primavera ya me adelantó, y es que con el tiempo tan cambiante que tenemos aquí, un capsule wadrobe en estas estaciones a mí no me funciona. El otoño pasado me fue bien, luego tuve que replantearme algunas cosas y al final el entusiasmo con el que encaraba este proyecto pudo más y acabé la temporada, luego el invierno fue un camino de rosas, pero con la primavera y este capsule, llegaron los problemas, y el verano los ha agudizado más aún, para acabar con un mes de septiembre que ha empezado con un tiempo loco, en los quince días que llevamos ha hecho un calor, frío, temperaturas del más puto entretiempo, hemos tenido tormentas, lluvias, un poco de todo, vamos, y mi entusiasmo por el proyecto ha dicho basta, así que yo me bajo del capsule wardrobe.

¿Me ha fallado el Capsule Wardrobe?
No lo creo, simplemente lo encuentro demasiado rígido para lidiar con los cambios de tiempo, y entonces todas las dudas que os comentaba aquí han vuelto a resurgir y vienen con fuerza y siento que ya no me ajusta y que no me convence; así que antes de acabar odiando mi ropa prefiero abandonar el proyecto. Pero he sacado cosas muy buenas de él, antes del verano pasado tenía un armario que al abrirlo parecía que iba a explotar de un momento a otro, al mismo tiempo que sentía que no tenía nada que ponerme, y ahora, con un poco de ayuda de Marie Kondo, tengo toda la ropa a la vista, un armario despejado, lleno de cosas que me gustan y sin nada que no use, así que me voy de este proyecto super satisfecha.

¿Significa esto que voy a volver a las andadas de antes de este experimento?
Por supuesto que no, desde que empecé a interesarme por el minimalismo me he dado cuenta de como me ha simplificado la vida, del estrés que me ha evitado, de cómo el menos en muchas ocasiones es más, y el armario y la ropa son una parte fundamental de esto, así que no, desde luego no pienso volver a las andadas. Hoy por hoy tengo la cantidad de ropa que equivaldría, más o menos, a dos capsule wardrobe, y espero que sigo así.

¿Cómo lo voy a enfocar?
Lo he pensado mucho y creo que mi enfoque se va a parecer al de otro “proyecto” famoso que andaba por la red hace años que llamaban “5 piece french wardrobe” y del que Afterdrk sigue hablando en su blog de vez en cuando. Este consistía en comprar un máximo de 5 prendas por temporada, siendo además compras responsables, pensadas y ponderadas, vamos, bien planificadas. Yo aún no he pensado mucho cuales van a ser mis reglas, pero os lo contaré cuando lo sepa. De momento tengo toda mi ropa en el armario, bien ordenada y sin agobios y a ver como me funciona.

Maquillaje y minimalismo

maquillaje
Fuente: Pexels

El otro día andaba pensando que ahora que he conseguido “limpiar” mi armario, ¿por qué no hacer lo mismo con el maquillaje?, y es que ¿no os pasa que os compráis algún maquillaje y al poco de usarlo os entra el gusanillo por otro y ése pasa a quedarse olvidado al fondo de cajón/neceser/organizador de maquillaje/lo que sea que uséis? A mí sí, así que tengo una colección que no tiene casi nada que envidiarle a muchas bloggeras de belleza, el problema es que no uso casi nada de lo que tengo, porque o fueron compras impulsivas, en plan: mira que color tan bonito, que luego en casa ya no lo era tanto, o porque tengo varios iguales ¿para qué quería yo cinco labiales rojos con prácticamente mismo tono? Así que me he puesto a limpiar mi cajón de hasta conseguir algo parecido al capsule wardrobe pero con el maquillaje, siguiendo estas pautas:

La fase “detox"

1-Separa por categorías

Como tenía tanto, mi primer acercamiento ha sido separar en categorías, en mi caso cuatro: productos para la cara, productos para los ojos, para los labios y todo lo demás.

2- Primer descarte: todo lo que ni me planteo volver a usar

Después categoría por categoría he ido descartando todo lo que no me gusta, todo lo que estaba en mal estado (que también lo había) y aquello que no me acuerdo cuando fue la última vez que gasté (es poco probable que lo vaya a usar si ni me acordaba que existía)

3- Si es cruelty free y bio mejor

Este para mí es un punto crucial, ya os lo conté aquí, me preocupa lo que me pongo encima y me preocupa que se maltraten animales, así que en primer lugar he apartado todo aquello que no me siento cómoda gastando. Así que si de algún producto había más de uno y uno cumplía los requisitos y otro no, el que no, fuera. Por ejemplo, tenía dos bases de maquillaje: unos polvos minerales de Lily Lolo y una base de L’Oreal, las dos me gustan, pero con una me siento más cómoda que con la otra, pues me quedo la de Lily Lolo y la otra fuera.

La fase “define tu estilo"

Con lo que ha quedado de la “purga” anterior he analizado mi estilo, lo que gasto, como me maquillo, lo que me gusta y lo que no. Una vez he tenido claro lo que quería y lo que iba buscando ha sido muy fácil, he seleccionado lo que me queda bien y estoy segura de que voy a usar, dividiéndolo en dos grandes grupos:

1- El maquillaje para diario

Yo no me maquillo todos los días, pero los días que sí lo hago ¿qué gasto?. Yo soy de las de “cara lavada”, así que básicos y poco más: base de maquillaje, sombras neutras, máscara de pestañas, un colorete poco llamativo y bálsamo de labios con color

2-El maquillaje “de salir"

Aquí lo que no me pongo en el día a día pero sí muy a menudo cuando salgo: sombras de ojos más arriesgadas, algún pintalabios “llamativo”, polvos bronceadores y poco más.

Con lo que ha quedado (muy poco, la verdad) he hecho algo parecido a lo que he ido haciendo con la ropa, como si fuera ropa fuera de temporada, lo he metido en un neceser y dentro de unos meses, igual este verano, volveré a sacarlo, lo revisaré y decidiré si se quedan o se van definitivamente.